Práctica 4: autobiografía Nerea
Todo empieza en una cola kilométrica para adquirir un pequeño trozo de papel. Un pequeño objeto que permite la entrada a una estancia fría y oscura, aún cuando las luces están encendidas. Me encuentro rodeada de un montón de extraños, desconocidos con los que probablemente no volvería a cruzarme, todos sentados en unas cómodas butacas negras. Entonces las luces se apagan hasta sumirlo todo en la más absoluta oscuridad, y de repente, una tenue luz aparece en la parte superior de la estancia, dirigiendo un haz de luz hacia una inmensa pantalla blanca, la cual ilumina la oscura habitación y baña nuestros rostros con luces de colores.
Esta fue mi primera experiencia en un cine, con poco más de cuatro años, cuando vi Cómo entrenar a tu dragón. He querido empezar con ella precisamente por ser la primera que vi en el cine, aunque no fuese importante para mí la película, sino la propia experiencia.
Por una lado, la vida es un proceso de cambio y superación constante, y siempre debemos enfrentarnos a múltiples problemas que van a surgir a lo largo de esta, por ello, para mí tiene gran importancia batallas tan épicas como: Jack Sparrow contra Barbossa (mientras ambos cambian de personas a esqueletos); una batalla entre semidioses, Percy Jackson contra Luke, con el objetivo de evitar una guerra entre dioses; o Harry Potter enfrentándose al mismísimo tiempo. Por ello, cada vez que tengo que superar una dificultad, en mi mente siempre resuena el grito: “¡Por Narnia!”.
Sin embargo, no solo las grandes batallas nos enseñan a superar los obstáculos, y es que encontrar soluciones lógicas e ingeniosas a estos es “elemental, mi querido Watson”; por ello, Hercules Poirot es una gran inspiración.
Pero no todo en la vida son problemas a solucionar, sino que también posee rasgos fantásticos, si sabes donde mirar, como estar atrapado en un bucle temporal (por tener un “déjà vu”) o pensar en 7 cosas imposibles antes de desayunar.
También la gran enseñanza de que, da igual por qué caminos te lleve la vida, sea cual sea tu destino llegará a tí, se la debo a la cinematografía.
Por otro lado, en lo referente a la literatura, los libros te abducen entre sus páginas, con cada palabra te adentras más en su historia.
Para mí, la lectura es un acto de relajación, aunque los personajes se encuentren en situaciones de peligro, ya sea que están siendo perseguidos por una jauría de lobos, atacados por monstruos, demonios o incluso dioses; cada vez que leo me encuentro igual de relajada como si estuviera observando estrellas bajo las tres lunas.

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